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Un viaje singular

La increíble travesía de la Guía de estudio de la Biblia

ImageDesde su gestación hasta que llega a las manos de los miembros de iglesia, la Guía de estudio de la Biblia –antes conocida como el Folleto trimestral de Escuela Sabática– requiere de tres años de producción.

En primer lugar, se le encomienda la tarea a un autor, o lo que el departamento responsable en la sede central de la iglesia en Silver Spring, Maryland, Estados Unidos, denomina el “principal contribuyente”. Entonces viene el proceso de escritura, la revisión y la edición; finalmente, la impresión. Todo esto lleva tiempo.

Cada trimestre, se imprimen y distribuyen en el mundo aproximadamente 2.7 millones de guías para adultos, que incluyen cinco ediciones (del alumno, del maestro, de lectura fácil, compendio de lectura fácil y de letra grande) en 85 idiomas y dialectos. La distribución se realiza por medio de las librerías adventistas y las iglesias locales, según Gary Swanson, director asociado del departamento de Escuela Sabática y Ministerios Personales de la Asociación General. La mayoría de los feligreses que utilizan este material probablemente no sean conscientes del largo proceso de producción y poco piensan en ello al comenzar a estudiar la Lección 1 de cada trimestre. Para muchas personas es algo muy natural, pero no es así para todos. 

Material invalorable

TRABAJO DE AMOR:
Misioneros, pastores y ancianos de iglesia que viven en regiones remotas de la División del Pacífico Sur caminan cada trimestre dos o tres días hasta la sede más cercana de la iglesia para retirar las Guías de estudio de la Biblia.
Para quienes viven en lugares remotos, como los que hay en la División del Pacífico Sur desde donde escribo, la guía es invalorable y muy apreciada. Los angloparlantes de la región (la mayoría, aunque también se habla francés), saben que su valor es mucho mayor que lo que cuesta en dinero. Para algunos, es una de las únicas publicaciones adventistas que alguna vez podrán tener aparte de un ejemplar de Adventist World, y es “oro puro”.

En las economías subdesarrolladas del Pacífico a menudo hay escasa in-fraestructura fuera de la capital de cada país y alguna otra ciudad principal. A fin de llegar a tiempo a muchas comunidades remotas, la guía debe comenzar la travesía meses antes del comienzo del trimestre. Es loable que en todo el mundo, en un sábado determinado, todos los miembros de iglesia puedan estudiar el mismo tema e incorporar una asombrosa diversidad de pensamientos al analizarlo. 

Comienza la travesía
Una vez que una Guía es confirmada definitivamente por la comisión pertinente de la Asociación General, comienza el proceso de producción. Mientras aún se encuentra en forma electrónica, se distribuye a traductores autorizados por la iglesia y a muchas de las casas publicadoras del mundo. En la División del Pacífico Sur, por ejemplo, es impresa por la Signs Publishing Company, de Melbourne, Australia.

Después de la impresión hay que armar las guías, embalarlas y dejarlas listas para enviar. Siempre aparece algún imprevisto en la producción y a fin de que lleguen a tiempo, los encargados a menudo trabajan en horarios no habituales dejando de lado otras tareas importantes. Los paquetes son despachados y viajan hasta tres semanas hacia Fiyi, Papúa Nueva Guinea, Samoa, Tonga, Vanuatu y Nueva Caledonia en viajes de barco que tiene frecuencias regulares, pero todo se complica cuando el destino es alguna isla menor. 

Llegando a regiones remotas
La mayoría de las naciones del Pacífico están compuestas por vastos territorios oceánicos y numerosas islas diminutas. Por eso, cuando los paquetes llegan a la sede de los campos, es necesario preparar paquetes menores para enviarlos al próximo destino (las estaciones misioneras locales) en barcazas o pequeños buques mercantes. Para cuando llegan, pueden haber transcurrido hasta dos o tres meses desde que salieron de imprenta.

Sin embargo, este es tan solo el comienzo. A continuación, se avisa por radio o radioteléfono a los directores y pastores de los cientos de iglesias apartadas y misiones de los atolones, que las guías de estudio han llegado.

 COPIADA A MANO: Este folleto trimestral fue copiado a mano por un miembro de iglesia de Rumania durante la época en que en ese país era ilegal poseer estas publicaciones.Los misioneros, pastores y ancianos locales realizan entonces el viaje a la sede para recoger los paquetes. Para los que viven en las montañas de Papúa Nueva Guinea, donde muchas aldeas no están conectadas por rutas, esto puede significar dos o tres días de caminata, solo de ida. Por supuesto, en algunos casos, un avión misionero puede dejarlos en una pista de aterrizaje del otro lado del valle. De lo contrario, en esta escarpada nación, la travesía representa uno o dos días de caminata y si bien casi se podría arrojar una flecha al otro lado del valle, el descenso y ascenso en cada dirección es sumamente difícil. En las iglesias isleñas de los atolones de la inmensa Laguna de Marovo en las Islas Salomón, por ejemplo, el viaje puede significar remar en canoa de isla en isla durante varios días. A pesar de que existen canoas con motor fuera de borda, la gasolina es muy costosa, y muchas veces imposible de obtener.

Aunque la congregación adventista más alejada de la sede central de la iglesia en el Pacífico Sur se halla en la isla de Pitcairn, la República de Kiribati, que está compuesta por 33 islas dispersas en más de 3.5 millones de kilómetros cuadrados constituye el mejor ejemplo de las dificultades que presenta la distancia y el acceso. La isla más cercana a la sede de la Unión Misión de Fiyi se encuentra a 1.500 kilómetros de distancia, mientras que la más distante se halla a 3.300 kilómetros. Además está el problema del acceso, ya que muy pocos barcos navegan hacia las islas de manera regular. El envío de estos materiales de estudio requiere de mucho ingenio y paciencia, pero vale la pena. 

La parte esencial del estudio de la Biblia
Piuki Tasa, director de las librerías adventistas de la Unión Misión de Papúa Nueva Guinea, dice que la Guía de estudio de la Biblia es indispensable tanto para estudiar la Biblia como para el culto familiar diario. Tasa ha vivido y trabajado en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón como pastor y gerente de las librerías adventistas, de manera que sabe lo que dice y menciona que cuando las guías no llegan a las comunidades más aisladas hasta la cuarta o quinta semana del trimestre, la gente siente mucho su ausencia. Además afirma que estos materiales son una “gran bendición” para los feligreses de su región, a quienes les encanta estudiarlos. “El estudio de la guía produce en los feligreses fortaleza espiritual y entendimiento” y es admirable cómo llega hasta lugares absolutamente recónditos. No solamente los adventistas se alegran de tenerlas, sino también los miembros de muchas denominaciones que a menudo las compran en las librerías adventistas ya que, tanto ellos como sus amigos adventistas, tienen muy pocas publicaciones espirituales que puedan adquirir a buen precio y que al mismo tiempo sean fáciles de comprender. 

Guías de estudio al rescate
Brian Brunton, gerente de área del departamento de Publicaciones en Papúa Nueva Guinea hasta 2005, cuenta cómo en una ocasión dos colportores visitaron Daru, en la remota costa suroccidental del país, para un seminario de entrenamiento seguido de práctica de ventas. Para llegar hasta el lugar, caminaron tres días por la selva, cruzando ríos anegados e infestados de cocodrilos. Pronto se les acabaron los libros para vender. Entonces alguien recordó que en un depósito de una librería adventista local, había muchos paquetes de guías de estudio que habían llegado muy tarde y nunca habían sido distribuidas. Con estas guías, los colportores visitaron nuevamente la aldea y las vendieron a ansiosos compradores que ignoraron la fecha y la apariencia un tanto descuidada de la publicación. Los dos hombres regresaron a sus hogares, mientras vendían más guías de estudio por el camino.

También he oído otras historias –de gente que ha utilizado el papel de las guías para liar cigarrillos, arrancando una hoja a la vez, hasta que comenzaron a leer los despojos y finalmente terminaron siendo miembros de iglesia.

¿Es este el fin de la travesía?
Solemos valorar más las cosas que más nos cuestan. Por eso, para los pescadores isleños del Pacífico y los agricultores de las montañas de Papúa Nueva Guinea, que saben lo que cuesta recibir la guía en términos de tiempo y esfuerzo, esta es a menudo su posesión más preciada. La guía no se arroja a la basura al final del trimestre. Por el contrario, pasa a formar parte de la biblioteca de su dueño, y continúa siendo consultada y compartida hasta que llega a estar tan ajada que es casi imposible seguir leyéndola.

Esta travesía no tiene fin.