Me imagino que
pasaría si tratáramos a la
Biblia como a nuestros celulares.
Si la lleváramos en nuestros bolsillos o carteras.
Si volviéramos a nuestras casas a recogerla si la olvidáramos.
Si la abriéramos para mirarla varias veces al día, y recogiéramos los mensajes
que
Jehová nos deja, en ves de recoger mensajes que solo son
directos los hombres.
Si la tratáramos como tratan algunos a los celulares, como si no pudieran vivir
sin ellos.
Si la diéramos a nuestros hijos como regalos, y les enseñáramos a usarla.
Si la usáramos en nuestros viajes, y en casos de emergencia, para llamar a
nuestro mejor amigo por consejo y guía, nuestro Dios Jehová.
Si tratáramos de tener la mejor traducción, como algunos hacen al tratar de
tener los últimos celulares.
A diferencia de nuestros celulares, no tenemos que preocuparnos de quedar
desconectados por falta de pago, o contando los minutos que tenemos, pues Jesús
pago la cuenta por adelantado que por demás, es de tiempo ilimitado, pues es
para la eternidad.